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jueves, 29 de noviembre de 2012

El rodeno, un pétreo local

Detalle de una roca de rodeno en la antigua cantera de El Puig de Santa María / Carlos Izquierdo García.

Aunque no nieve en la zona costera valenciana, ya se hace notar la Navidad en nuestras tierras, porque los frutales que tapizan las planas, pese a no tener la silueta del abeto, se transforman espontáneamente en auténticos árboles navideños al engalanarse con sus frutos.

Para celebrar estas fiestas que se acercan, he pensado en teñir de tonos rojizos este blog, de una gama de colores que nacen de la tierra y que forman parte de la identidad valenciana. Son las tonalidades del rodeno, una piedra arenisca común en nuestra geografía y que podemos encontrar a escasa distancia de Valencia. No hay más que echar un vistazo a las últimas elevaciones de la Sierra Calderona (por ejemplo al Monte Picayo) para adivinar la abundancia de este pétreo.

Encintado de la calle Palomino y bordillo de la calle San Jacinto, formado por piezas especiales con resalte en uno de los extremos y rehundido en el opuesto / Carlos Izquierdo García.
Tradicionalmente se ha utilizado profusamente en construcción, por ser un material local, abundante y de gran dureza. Estas características hicieron que se recurriera a él para materializar los bordillos del acerado de las calles, una parte de la urbanización muy expuesta a todo tipo de golpes y que sufre un gran desgaste.

Las arterias de nuestros pueblos y ciudades están surcadas por kilómetros de líneas rojas. Rayas que serpentean y que dejan claro cuál es el espacio propio del peatón y cuál es el ámbito reservado a los vehículos. En ocasiones, estas líneas se transforman en planos, ya sean horizontales o verticales.

Calzada y encintado de piezas de rodeno en la calle Sagrario del Salvador y explanada adoquinada con ese material en la Fundación Laboral de la Construcción / Carlos Izquierdo García.
Muro con curioso aparejo de piezas de rodeno en las ruinas de los Jardines del Real / Carlos Izquierdo García.
Posiblemente parte del rodeno utilizado en los encintados de la ciudad de Valencia provenía de El Puig de Santa María, pues dicha localidad se encuentra próxima y bien comunicada con el Cap i Casal y allí se halla la última estribación de la Calderona, que llega prácticamente hasta el mar. Está comprobado que, a principios del siglo XX, hubo al Este del municipio una cantera en la que se extraía rodeno. Dichas rocas, tras ser transportadas por ferrocarril hasta el puerto de Valencia, se aprovecharon para la construcción de una escollera. Puedes encontrar más información sobre la explotación de este yacimiento de rodeno para las obras portuarias, en el siguiente artículo:

En la cantera de El Puig de Santa María, junto a la carretera V-21, aparte de afloramientos de rodeno se aprecian los restos de lo que sería el antiguo muelle de carga de las rocas / Carlos Izquierdo García.
Por desgracia, en las obras de reurbanización, esta piedra que fue tan frecuente en nuestras calles está siendo sistemáticamente suplantada por otros materiales industriales, ajenos a nuestra tradición y sin ningún tipo de raigambre con el lugar. Así están desapareciendo kilómetros y kilómetros de encintado de rodeno y multitud de piezas especiales labradas por nuestros antepasados. Esta situación fue denunciada hace años en un artículo del periódico Las Provincias:

Encintados en la calle Marevella y pavimento de hormigón impreso en la calle de les Adoberies, con bandas rojas que evocan los desaparecidos bordillos / Carlos Izquierdo García.
Aún hoy podemos ver al rodeno presente en el firme de algunas arterias de nuestra ciudad, sobre todo en aquellas calles secundarias cuya urbanización ha quedado obsoleta por su antigüedad. En esos viales olvidados, con aceras en mal estado y calzada bacheada, ahí siguen los bordillos de rodeno, ennegrecidos y ligeramente exfoliados, pero todavía en servicio.

Un bordillo tipo buzón en funcionamiento en la calle Marevella y otro fuera de servicio, cegado y relevado de su función por una rejilla, en la calle Ángel Custodio / Carlos Izquierdo García.
Comprendo que las intervenciones de reurbanización son necesarias y que, cuando se actúa sobre calles estrechas del centro histórico, lo propio es acabar con las aceras ridículamente estrechas, eliminar los encintados y pavimentar todo el viario a un mismo nivel. A pesar de eso, las piezas de rodeno no se quedan fuera de juego, sino que pueden gozar de una segunda oportunidad en la nueva configuración del vial, gracias a la capacidad que han demostrado de pavimentar superficies.

Pavimento de adoquines de rodeno en el patio de acceso al Real Monasterio de la Santísima Trinidad / Carlos Izquierdo García.
Aunque poco a poco el rodeno tiende a desaparecer de nuestras ciudades en favor de los materiales industriales, hay que mencionar que en algunas intervenciones recientes llevadas a cabo en Valencia se ha recurrido a este noble material. Una muestra sería la urbanización de los alrededores de la Alquería de Barrinto, realizada con un adoquinado de rodeno que dialoga perfectamente con dicha construcción vernácula.