viernes, 29 de marzo de 2013

Arreglos o doseles


Arreglos en la Semana Santa Marinera de Valencia: Jesús ante las mujeres de Jerusalén (calle de la Reina, 209), María Santísima de las Angustias (calle Espadán, 6) y Santísimo Cristo de los Afligidos (calle José Benlliure, 74). Como se ve en el primer caso, a veces junto al arreglo hay un espacio con sillas donde los visitantes pueden sentarse para conversar o rezar / Carlos Izquierdo García.

2013 es el segundo año que paso la Semana Santa por tierras valencianas. Como ocurre en el resto del país, aquí las expresiones cristianas toman los pueblos y ciudades, exteriorizándose en lugares en donde la mayoría del año permanecen ausentes. Durante estos días, estamos acostumbrados a ver muestras de fervor católico incluso en los hogares, cuyos balcones se engalanan, o ante cuyas fachadas se disponen hileras de sillas flanqueando las calles, de tal manera que los vecinos pueden contemplar sentados el paso de las comitivas. Pero mi intención con esta entrada es hacerme eco de otra manifestación religiosa en el ámbito doméstico: los arreglos o doseles.

Algunos arreglos de Alberic: Oración de Jesús en el Huerto (calle Azorín), Ecce-homo (calle Pintor Sorolla) y Cristo en la Columna (calle Ausiàs March). En la primera imagen se adivina a la derecha el estandarte de la cofradía, un elemento identificativo de la hermandad, que prácticamente siempre forma parte de la decoración del arreglo / Carlos Izquierdo García.

Más arreglos de Alberic: Jesús Nazareno (calle Arcipreste Ferrandis), Cristo de la Fe (avenida la Glorieta) y Virgen de la Soledad (calle Colón). En el arreglo de la izquierda se ha conseguido un cierto dramatismo focalizando la luz en la cara del Cristo y dejando el resto de la escena en penumbra. El recurso del tenebrismo es recurrente en la ambientación de los pasos / Carlos Izquierdo García.

Esta curiosa tradición se extiende principalmente por la comarca de la Ribera Alta (Alberic, Alzira, Algemesí, Benifaió, Tous), aunque también está presente en otros puntos de nuestra geografía (como la propia ciudad de Valencia). A falta de documentos escritos que lo corroboren, parece ser que la costumbre data del siglo XVII y que tuvo origen en Alberic. Todo indica que por entonces, en dicho municipio las imágenes religiosas no se guardaban en el interior de la iglesia, sino que eran los propios cofrades quienes custodiaban los pasos procesionales durante todo el año en algunos espacios de sus viviendas, adornados especialmente para hospedarlos.

A partir de ahí arrancó la tradición de los arreglos, que bajo la denominación de doseles fue extendiéndose a los pueblos vecinos, a la par que se hacía más compleja y elaborada. Las primeras ornamentaciones, que combinaban los mejores paños de la casa y flores, con el tiempo evolucionaron hasta decorados con un mayor realismo, alto nivel de detalle, arquitecturas efímeras, vegetación real, rocas auténticas, iluminación, movimientos mecanizados, a lo que se han sumado recientemente las nuevas tecnologías para crear un verdadero espectáculo visual y sonoro. Gracias a los anteriores recursos, se transforma el espacio doméstico de partida hasta que ofrece un marco perfecto en el que emplazar la imagen religiosa, completándose así una escena de la vida, pasión o muerte de Jesús.


Los pasos así ambientados se exhibían al público hasta el día de hoy, pudiendo ser visitados durante unas horas cada jornada. La mayoría de estas escenografías se montan en estancias amplias, pertenecientes a la planta baja de una casa, del local de alguna cofradía o hermandad, o incluso de un casal fallero. Como dichos espacios suelen estar contiguos a la calle, sus portones o ventanas se mantienen abiertos de par en par durante el tiempo de exposición, lo que crea la sensación de que los arreglos son capillas recayentes a la vía pública.

En estas vistas desde la calle, queda patente que los arreglos parecen capillas abiertas al exterior. En el Cabañal la mayor parte de los locales que albergan arreglos son reconocibles por tener en su fachada una cruz iluminada / Carlos Izquierdo García.

Los arreglos de Alberic suelen montarse de tal manera que el espectador puede verlos desde la calle a través del alguno de los vanos de la fachada, o bien adentrándose en el local donde se exponen / Carlos Izquierdo García.

El método de elección del inmueble donde cada año se realizará el dosel varía dependiendo de la hermandad: en algunas se hace mediante sorteo entre los miembros interesados, mientras que en otras se asigna directamente a algún cofrade que se haya ofrecido voluntariamente a montarlo en su vivienda.

En Alzira, estas instalaciones se conocen como doseles y desde 1963 se organiza un concurso anual para galardonar a las creaciones más destacadas, teniendo muy en cuenta el mensaje que transmiten a la hora de valorarlas. En la web que indico a continuación, pulsando VER PREMIADOS en la columna de la izquierda, se puede contemplar una galería de imágenes de los doseles premiados en las últimas ediciones del certamen alcireño: 

¿Existe en tu municipio esta tradición, o alguna otra costumbre singular y típica de estas fechas?

miércoles, 20 de marzo de 2013

Casas de escalerilla o escaletes

Fachadas de las escaletes en: plaza Navarros, 4; calle Balmes, 15; calle Pintor Fillol, 1; calle Alta, 30; y calle Sant Miquel, 5 / Carlos Izquierdo García.

Los últimos días del invierno y los primeros de primavera son jornadas ventosas en la capital del Turia. Hace poco vimos desmoronarse algunos monumentos falleros debido al empuje de Eolo y pronto contemplaremos a los niños disfrutando con las cometas durante la Pascua. Ahora que el viento arrecia, os propongo que dejemos atrás la ciudad nueva, las calles rectas de sus barrios regulares y sus plazas abiertas, los espacios en los que Camillo Sitte decía que se forman los más hermosos torbellinos de polvo. Mejor nos adentremos en el casco antiguo de Valencia, donde el soplo del aire no causa molestia alguna, ya que la trama urbana atenúa la fuerza del vendaval que pasa sobre los tejados.

En el abigarrado laberinto callejero del centro histórico es donde se encuentra la tipología edificatoria de la que hoy quería hablaros, un modelo de casa de vecindad sin ninguna pretensión estilística: las casa de escalerilla o escaleta. Estas construcciones populares empezaron a generalizarse en el siglo XVII y se consolidaron definitivamente en el XVIII, ante la acuciante necesidad de densificar la ciudad intramuros para dar cobijo al creciente número de personas que llegaron. En las arterias secundarias del tejido histórico es donde abundaban y todavía permanecen algunos de estos inmuebles plurifamiliares, erigidos sobre reducidísimos solares y destinados al alquiler. Las viviendas pequeñas, oscuras y deficientemente ventiladas que los forman, solían estar ocupados por las clases trabajadoras más humildes.

Frentes de las casas de escalerilla situadas en: calle Baja, 7 y 15; así como en calle Pintor Domingo, 6,14 y 16. Estas viviendas proliferan en viales secundarios y estrechos, que obligan a realizar fotomontajes forzados para obtener vistas de la totalidad de sus fachadas / Carlos Izquierdo García. 

Las casa de escalerilla estaba formada por la planta baja más un número no fijo de pisos, de tal manera que el bajo se destinaba a obrador y gozaba de un portón independiente, mientras que cada una de las plantas solía corresponder con una vivienda. Además de la entrada al taller, en la fachada se abría otra puerta menor tras la cual, sin zaguán ni zona intermedia, arrancaba una escalera empinada que ascendía hasta los hogares. De esta manera los espacios comunes del bloque se reducían al mínimo posible: la caja de la escalera y la azotea (donde se tendía la ropa en aquellos edificios no rematados por cubierta inclinada).

Planta y axonometría de una escaleta tipo publicados en el libro Historia de Valencia, obra de varios autores que fue editada por el periódico Levante y la Universidad de Valencia en 1999. Algunas casas de escalerilla responden casi a la perfección al dibujo, como las ubicadas en: calle Ángel Custodio, 5; calle Quart, 9; y plaza Lope de Vega, 11 / Carlos Izquierdo García.

A finales del siglo XVIII, Orellana describe este tipo de inmueble como: "aquella casa, que no teniendo zaguán, tiene por lo común tan limitado terreno, que desde la misma puerta de la calle comienza la escalera angosta para subir... y aunque antiguamente ésta era en figura espiral o forma circular, enroscándose para arriba a modo de caracol, ya de muchos años a esta parte... se han dado a fabricarlas sobre plano en quadro, llamándoselas de esta forma escaleras a la castellana".

Antes de que los bloques contaran con energía eléctrica, la anella o aldaba hacía las veces de llamador y el montante enrejado de la puerta, así como las pequeñas ventanas situadas en la vertical de la entrada, iluminaban la caja de escalera. Estos tres ejemplos se encuentran en las escaletas de: calle Carniceros, 20 y Baja, 15 / Carlos Izquierdo García.
Exteriormente es muy sencillo reconocer la escaleta: es un edificio de fachada estrecha; en sus bajo se abren al menos dos entradas de diferente dimensión; la menor de sus puertas cuenta a veces con una aldaba y casi siempre con un montante enrejado que ilumina el arranque de la escalera; en la vertical de la puerta pequeña se alinean una serie de ventanas que dan luz a la escalera en cada nivel y a través de cuyos huecos se puede ver la escalera desde la calle; si tiene cubierta transitable, el remate de la fachada se produce a dos niveles, pues el casetón de la escalera sobresale más allá del último piso habitado.

Casa de escalerilla situada en el número 23 de la calle Triador. Según el catastro, se construyó en el año 1900 y sus viviendas son de 65 metros cuadrados. Como se ve, inmediatamente tras franquear la puerta se llega a una escalera tabicada con peldañeado de baldosas y mamperlanes de madera. Su primer tramo se ensancha, rematándose con un escalón de arranque redondo, sobre el que se yergue un pilarote metálico, dando comienzo a una barandilla metálica con barrotes de fundición / Carlos Izquierdo García.

Como se ha comentado, la puerta que daba paso a la escalerilla solía contar con una anella o con una aldaba de hierro fundido en forma de mano cerrada agarrando una bola. Antes de la existencia de los porteros eléctricos, con dicho llamador se golpeaba la puerta un número de veces equivalente al piso al que se quisiera subir. Los vecinos de la vivienda oportuna, desde el descansillo de la escalera correspondiente a su planta, podían abrir la puerta de la calle tirando de una cuerda que descendía por el hueco de la escalera y que, tras pasar por una polea, accionaba el pasador.

El ilustre sainetero valenciano Eduardo Escalante, que vivió algunos años de su vida en una casa de escalerilla, ambientó varias creaciones suyas en este tipo de edificios. Quizá la historia que transcurre en uno de ellos y que más destaca en su producción es La escaleta del dimoni (1874). En ciertos fragmentos de dicha pieza, el autor dejó constancia del curioso sistema que se utilizaba para tocar y abrir la puerta. Por ejemplo, en la escena X los vecinos escuchan cómo alguien llama a la puerta de la calle, cuentan los aldabazos y especulan sobre quién vendrá:
"Nasia¿Toquen baix? (Oyense los golpes de la aldaba).
Rafel. Sí: dos, tres, cuatre; (Contando los golpes) en la habitació de Blaya.
Nasia. ¿Será el novio? (Llegando a la puerta del foro).
RafelVeches.
Barbereta¿Cuántes? (Asomando a la ventana y desapareciendo luego).
Nasia. Es baix, en casa la Rulla.
Rafel¡Escudriñaores!".

Cuerda atada a la barandilla del descansillo del segundo piso de la calle Triador, 23. Desde dicho rellano, los inquilinos de la vivienda de esa planta todavía hoy tiran de la cuerda para abrir la puerta de la calle, evitándose la molestia de bajar dos pisos / Carlos Izquierdo García.

Polea situada sobre la entrada del número 23 de la calle Triador, gracias a la cual la cuerda que desciende por el hueco de la escalera acciona el pasador de la puerta / Carlos Izquierdo García.

También en la escena V del mencionado sainete se hace referencia a las cuerdas con las que, desde cada planta, abrían la puerta de la calle:
"D. Chaume¡Home, dígali a eixe músic que no mos uide el servell! Escolte: aváns que m'olvide, cuant s'en vacha tanque be la porta de la escaleta.
QuicoEixos chics del cueter que viu dalt, tenen el gust de tallar tots el cordells. ¡Son el dimoni! A Don Santos... repare si es pensament: li han mort el gat, ¿pero cóm? nugantli a rabo un cuet aixina".

Por desgracia ya no se conserva ninguna de las escaletes que la pluma de Escalante hizo famosas. Junto a ellas, han ido desapareciendo otras casas de escalerilla menos célebres, cuya demolición ha dado paso a solares vacíos o a nuevas construcciones con mejores condiciones de habitabilidad.

martes, 5 de marzo de 2013

Páginas Amarillas: alerta roja

Ojeando los volúmenes de Páginas Amarillas correspondientes a 2011, 2012 y 2013, en mi sofá amarillo / Carlos Izquierdo García.

Recientemente he recibido en casa el ejemplar de las Páginas Amarillas correspondientes a la provincia de Valencia y al año 2013. Tras sacarlas del ceñido plástico en el que vienen envueltas, lo primero que he hecho ha sido echar un vistazo a la sección Arquitectos, algo que repito anualmente para tomar el pulso a mi profesión, curiosear quiénes  siguen en activo y enterarme de qué antiguos compañeros de carrera se han puesto a trabajar por su cuenta. A pesar de que en dicho apartado no están todos los que son, sí que son arquitectos todos los que están y, dado que la relación de colegas que dan a conocer sus servicios a través de este directorio es nutrida, creo que la guía gratuita es una buena base para realizar un diagnóstico de la disciplina.

El encogimiento de las páginas amarillas ha sido paralelo al declive de nuestra economía. Además, resulta curioso que las tijeras, que hasta 2012 anunciaron los cupones de descuento en la esquina de la portada, hayan desaparecido en la edición de 2013. ¿Será acaso porque ahora tienen la connotación negativa de los recortes? / Carlos Izquierdo García.

Y es que las Páginas Amarillas, al ser un listín para contactar con empresas y profesionales de todo tipo de sectores, son un buen reflejo de la economía del área geográfica a la que se refieren. No hay más que ojear los ejemplares impresos de los últimos años para darse cuenta de la contracción de la actividad económica que ha sufrido nuestra provincia. He aquí algunas características de los últimos tomos que han salido a la luz, unos datos cuya comparación habla por sí misma:
- en 2011 la guía salió a la luz con unas dimensiones de 29,5x20,9x2,1 cm, 686 páginas y 786 gramos de peso;
- en 2012 el ejemplar mantiene el formato de años anteriores, pero reduce notablemente su espesor (29,5x20,9x1,5 cm), al contar con solo 464 páginas, que pesan 562 gramos;
- en 2013 la versión física de las Páginas Amarillas se funde con las Páginas Blancas y juntas se imprimen en un formato casi de libro de bolsillo (20,7x14,5x2,9 cm), con un tamaño de letra notablemente más grande que en ediciones anteriores, alcanzando un total de 1.040 páginas (904 para las amarillas y 136 para las blancas) y un peso de 644 gramos (560 correspondientes a las amarillas y 84 correspondientes a las blancas).

Abriendo los tomos, dirigiéndome al apartado Arquitectos y consultando los técnicos que se anuncian en la ciudad de Valencia, también he sacado unas estadísticas que me parecen muy reveladoras de cómo está evolucionando la profesión.

Esta gráfica muestra el movimiento durante los últimos tres años del número de registros en la sección Arquitectos / Carlos Izquierdo García.

Atendiendo al número de arquitectos del cap i casal registrados cada año, aquí os presento mi hipótesis de lo que podría estar ocurriendo. Parece ser que hasta 2011 muchos compañeros todavía estaban desarrollando encargos que recibieron antes de que surgiera la crisis. Al ver dichos profesionales que pasaba el tiempo, iban acabando los trabajos pendientes y no entraban nuevos proyectos, en 2012 aumentó notablemente el número de técnicos que decidieron anunciarse en las Páginas Amarillas, con la esperanza de que figurar en la guía les reportara más encargos. En 2013 el número de anunciantes se redujo considerablemente, alcanzando niveles inferiores a los de 2011. Esta caída podría significar que muchos colegas se vieron obligados a bajar definitivamente la persiana de sus estudios.


Aprovecho esta imagen, en la aclaro cómo son los diferentes tipos de anuncios, para puntualizar que yo no recibo ningún tipo de comisión ni gratificación de los anunciantes que aparecen en esta entrada, ni tampoco de Páginas Amarillas ;) / Carlos Izquierdo García.

Como se deduce comparando estas gráficas, cada vez menos arquitectos se pueden permitir que sus anuncios sobresalgan respecto a los de la competencia. De seguir esta tendencia en los próximos años, el Pac-Man azul cerrará definitivamente su boca / Carlos Izquierdo García.

Existe en el sector de la arquitectura una tendencia a minimizar costes que resulta muy evidente si prestamos atención a la calidad de los anuncios. Años atrás, eran más los compañeros que trataban de diferenciarse haciendo destacar su publicidad respecto a la de la competencia, quedando así la sección Arquitectos salpicada de entradas en negrita, otras enmarcadas y algunas personalizadas. En el ejemplar de este año predomina la monotonía de los anuncios estándares, rara vez interrumpida por algún anuncio distinguido.

Poco a poco el teléfono móvil va ganando terreno como forma de contactar con los arquitectos valencianos / Carlos Izquierdo García.

Otro indicador a tener en cuenta es el tipo de teléfono de contacto. La guía nos revela que, a pesar de que la cifra de anunciantes se deshincha, aumenta año tras año el número de teléfonos móviles. En mi opinión, este fenómeno tiene dos posibles explicaciones: el mayor dinamismo de los profesionales, que pocas veces pasan su jornada laboral entre las cuatro paredes de su oficina, o la creciente precariedad de nuestra disciplina, que obliga a muchos técnicos a prescindir de sus líneas fijas, como medida de ahorro, y a utilizar sus móviles tanto para llamadas personales como profesionales.

En estas gráficas se aprecia que, mientras prácticamente todas las formas asociativas disminuyen, la tendencia global de los registros sin régimen jurídico concreto es al alza / Carlos Izquierdo García.

Aunque la mayoría de los anunciantes no indican más que el nombre comercial de su empresa y su teléfono de contacto, las Páginas Amarillas también nos proporcionan datos acerca de la forma jurídica de algunas firmas del sector. Gracias a esta información, he podido concluir que en estos últimos años se ha producido un notable desmembramiento de las agrupaciones profesionales en favor de un panorama más atomizado, integrado principalmente por equipos de técnicos más reducidos o por arquitectos autónomos. Esta realidad resulta evidente a la vista de los descensos experimentados por casi todas las formas asociativas, pero queda especialmente patente en la espectacular bajada de la forma jurídica más común en mi disciplina: la sociedad limitada.

Por último, me gustaría comentar que nunca me he anunciado en las Páginas Amarillas impresas, pero hace tiempo sí que puse un anuncio gratuito en la versión on-line de dicho directorio. En caso de que alguna vez decidiera publicitar mis servicios en la guía física: por una parte pondría especial cuidado en la corrección ortográfica del anuncio, pues no me inspira confianza una empresa que ni siquiera sabe escribir bien su propio nombre; por otro lado no se me ocurriría poner como teléfono de contacto un número de tarificación especial, dado el rechazo que producen. Lo que acabas de leer parecen perogrulladas, pero viendo en la sección Arquitectos del listín de 2013 escritos la palabra "paisajismio" y un teléfono 902, parece que estos detalles no resultan tan obvios.

Esta es la interpretación que se me ocurre a partir de los datos de las Páginas Amarillas. ¿Qué lectura haces tú?

jueves, 21 de febrero de 2013

¿Arco o dintel?

Arco rebajado y asimétrico alrededor del enorme portón de Exarchs, 5 y arco escarzano en Pie de la Cruz, 17 / Carlos Izquierdo García.

Cuando deambulo por el centro histórico, me encanta recorrer algunas arterias principales y encontrarme a ambos lados las puertas de los palacios abiertos de par en par, permitiéndome echar un vistazo a sus patios empedrados o a sus amplios zaguanes, mostrándome una porción de su mundo interior. Pero cuando no tengo la suerte de satisfacer mi curiosidad, entonces me consuelo con mirar los portones que sellan los vetustos caserones: puertas las más de las veces blasonadas, insertadas en huecos en ocasiones provistos de guardarruedas o roderas, con hojas de madera lisas o claveteadas, protegidas o no por chapa metálica en su parte inferior y a veces adornadas por una reluciente aldaba.

Estos batientes de madera están enmarcados por un hueco que, desde el punto de vista estructural, suele ser el punto más crítico de toda la fachada, debido a que es un vano de gran anchura que se abre en la parte baja del frente, debilitando la fábrica allí donde se encuentra más cargada. Al practicar un hueco en un muro, se desvían las cargas que recaen sobre la abertura hacia sus laterales, provocando una sobrepresión sobre las jambas. ¿De qué forma resolvieron esta zona tan delicada nuestros antepasados? Como explicaré a continuación, lo solucionaron de diversas maneras, pero hoy me gustaría resaltar una que me parece especialmente sabia e ingeniosa.

Primero se les ocurriría hacer coincidir en la misma banda vertical de la fachada el portón de entrada y una puerta que permitiera disfrutar de un amplio y ligero balcón en el primer piso. Con este recurso, por una parte consiguieron aliviar parte de la carga que gravitaba sobre el portón, ya que situaban sobre él la perforación de la planta principal y, por otro lado, lograron que el vuelo del balcón alejara el agua de lluvia de la puerta de madera, minimizando las salpicaduras y prolongando su vida.

Después debieron pensar que el material que más garantías ofrecía para solventar este punto crítico era la piedra, ya que tiene una gran durabilidad y una enorme resistencia, por lo que podría asumir sin dificultades las sobrepresiones que se originaban en ambos laterales. El problema era que los pétreos trabajan excelentemente a compresión, pero muy mal a tracción, así que un dintel de dicho material funcionando a flexión no parecía la mejor idea. Por eso se decantaron por cerrar el vano con un arco, tallando piezas de piedra que se acuñaban.

Sus juntas radiales les delatan: el vano de plaza Manises, 4 está rematado claramente por un arco con dovelas recortadas por abajo, mientras que en Pintor Fillol, 7 el hueco se cierra con un arco adintelado / Carlos Izquierdo García.

Por cuestiones estéticas se realizarían variaciones sobre estos arcos, como por ejemplo introducir un moldurado continuo a lo largo de todo el recercado del hueco, tallar sus dovelas de tal manera que el portón tuviese forma rectangular, o incluso convertir el arco en un falso dintel, formado por varias piezas pétreas separadas por juntas radiales. Debió llegar un momento en el que la talla de las dovelas resultaría una labor de cantería complicada y cara, dado que en estas piezas especiales confluían tanto el moldurado como su particular forma de cuña.

Este es el punto en que debió surgir una solución que a mí me parece buena, bonita y barata: la sustitución del arco o del falso dintel pétreo por un cargadero de madera. Las ventajas de este sistema son evidentes: empleo de una pieza leñosa que trabajaba perfectamente a flexión y en la que resultaba fácil labrar las molduras; la estética apenas se ve afectada debido a la unificación geométrica (idéntico moldurado) y cromática (causada por la fotodegradación de la madera) del dintel y las jambas; así como el uso de un material más barato y menos costoso de tallar que la piedra.

Como se aprecia en Moro Zeid, 6, en esta brillante solución constructiva se utilizan los materiales de la forma más óptima: madera a flexión y piedra a compresión / Carlos Izquierdo García.

En Maldonado, 29 se ve que era habitual aligerar el entrepaño situado sobre el cargadero abriendo un ojo de buey / Carlos Izquierdo García.

La exposición continuada de la madera a la radiación solar produce su fotodegradación, que queda patente por el cambio de color de la capa superficial del material hacia tonos grises, como se aprecia en este otro dintel de Maldonado, 29 / Carlos Izquierdo García.

La sutil diferencia entre la madera y la piedra suele pasar desapercibida para los transeúntes, como se ve en este ejemplo en Salinas, 11 / Carlos Izquierdo García.

En Roteros, 18 también se utilizó este sistema / Carlos Izquierdo García.


En Maldonado, 25 existe un largo dintel de madera que abarca los tres huecos de la fachada / Carlos Izquierdo García.

La fortuna de este sistema hace que el observador atento pueda hoy encontrarlo en múltiples fachadas de nuestro casco antiguo. Curiosamente, donde menos desapercibida pasa la solución es en aquellos frentes que han sido recientemente intervenidos, ya que en ellos se le ha devuelto a la madera su tono natural.

martes, 29 de enero de 2013

Los arquitectos no firmamos los edificios

¿Acaso la prolífica obra de Javier Goerlich se debe, además de a su talento, a una brillante estrategia de marketing y a su inconfundible marca personal? Aquí podemos ver la firma del arquitecto en los inmuebles de las calles Císcar, 8 y Grabador Esteve, 12 y 16 / Carlos Izquierdo García.

Es algo propio de arquitectos caminar por las calles con la vista puesta en los edificios que la flanquean. En raras ocasiones mi mirada, al observar una fachada, tropieza con una inscripción que recuerda al compañero que proyectó el inmueble. Teniendo en cuenta la cantidad de bloques que me rodean y las muchas construcciones frente a las que paso a diario, resulta extraño que este encuentro fortuito no se produzca más a menudo, por muy despistado que pudiera llegar a ser.

Firmas de los artífices en el edificio número 23 de la calle Marino Blas de Lezo y en el bloque número 84 de la calle Colón / Carlos Izquierdo García.

Y es que la mayoría de los edificios no están firmados por sus artífices: no figura en ellos quién los diseñó,  tampoco quién dirigió las obras, ni quien ejecutó los trabajos. Esta ausencia me deja pasmado. Pensando cuánto nos encanta a los arquitectos ser mencionados en los carteles de obra y considerando que casi todos los técnicos nos apresuramos a colocar una placa anunciando nuestros servicios en el bajo del bloque donde trabajamos, o incluso en nuestra propia vivienda, no me explico cómo podemos dejar pasar semejantes oportunidades para darnos a conocer.

Creo que, además de firmar los proyectos, deberíamos acostumbrarnos a dejar constancia de la autoría en nuestras creaciones, de igual manera que cualquier artista la hace patente en su obra de arte, sea cual sea su soporte. Esta manera de proceder no solo nos daría más visibilidad, sino que además ayudaría a los investigadores del futuro, quienes, al leer el documento construido, podrían tirar de este hilo para desenmarañar la madeja de la historia.

El arquitecto M. Martínez Ortega tenía bien aprendida la lección y dejaba patente su autoría en todos los bloques que proyectaba, como en estos de la calle Císcar, 21 y de la calle Burriana, 48. En este segundo edificio, bajo el nombre del arquitecto se adivina la firma del aparejador, prácticamente oculta tras la pintura / Carlos Izquierdo García.

El tramo de la calle Burriana más cercano al parque del Turia tiene numerosas obras proyectadas y firmadas por M. Martínez Ortega, como los edificios con los números 50 y 52 / Carlos Izquierdo García.

Es evidente que la negación categórica que encabeza estas líneas no es absolutamente cierta. Hay una minoría de arquitectos que sí que plasmaron sus nombres en las fachadas de los edificios que proyectaron, pero son tan pocos que el título de esta entrada podría pasar por verdad. Y resulta curioso que este reducido número de profesionales, quizá fruto del azar o acaso gracias a una maniobra de marketing bien hecha, tienen varias obras construidas y rotuladas en una misma calle o barrio de la ciudad.

A Manuel Peris Vallbona no había que darle ningún consejo sobre lo importante que resultaba plasmar su nombre en las obras que diseñó, como en el bloque número 35 de la calle Císcar o en el edificio número 46 de la calle Burriana / Carlos Izquierdo García.

Estos escasos arquitectos que optaron por dejar clara su autoría y cuyas firmas he podido fotografiar, se decantaron por estampar sus nombres en dos puntos de la fachada: en los alrededores de la puerta principal o bien en el entresuelo del bloque, de tal forma que quedasen a salvo de las posibles modificaciones que sufriesen los frentes de los bajos comerciales. En cuanto a los materiales que eligieron, predominan los azulejos cerámicos, aunque también son frecuentes los rótulos grabados sobre los aplacados pétreos, las letras corpóreas que sobresalen del paramento y los nombres recortados en chapa metálica.

La ubicación de las inscripciones hacen que a veces se vean amenazadas por la publicidad o por los porteros automáticos, como se ve en estas imágenes de la calle Císcar, 18 y de los números 102 y 108 de la calle Fernández de los Ríos (Madrid) / Carlos Izquierdo García.

Y tú, ¿has firmado alguno de los inmuebles que has proyectado? ¿Conoces algún edificio en el que esté plasmado el nombre de su artífice?

martes, 22 de enero de 2013

Una muela que ha rodado mucho

Parroquia de Cristo Rey en 2011, antes de la restauración de su fachada. Voluntarios trabajando en su interior durante el campo de trabajo del verano de 2011 / Carlos Izquierdo García, Arantzatzu Martínez y Carmen Masó Vendrell.

Hoy, con motivo de la celebración de San Vicente Mártir, escribo acerca de una noticia relativa al patrón de nuestra ciudad, que ha alcanzado gran eco en la prensa local de los últimos días: el descubrimiento de una piedra que pudo formar parte de la rueda de molino que lastraba el cuerpo de San Vicente cuando fue arrojado al mar.

Como no podía ser de otra manera, la pieza se encuentra en la antigua iglesia de San Vicente de la Roqueta, hoy conocida como parroquia de Cristo Rey. 

Conozco bien este templo, porque allí participé como voluntario en las últimas dos ediciones del Curso de Recuperación de Artesanías Tradicionales en el Medio Rural, organizado por el departamento de Historia del Arte de la Universidad de Valencia. Nuestra labor consistió en la recuperación de esgrafiados ocultos, la restauración de algunos retablos de las capillas laterales y la decoración de la mitad superior de la capilla de la Comunión, incluido el cupulín.

En estos campos de trabajo conocí a Francisco José Soriano, un historiador que lleva años colaborando en estos talleres y que ahora es el protagonista de la noticia que se ha hecho pública.

Diferentes vistas del sillar custodiado en la parroquia de Cristo Rey. En su frente se aprecian los relieves del aspa y la muela, la inscripción alusiva al santo y el año en que posiblemente fue tallado a partir de la rueda de molino, mientras que en su parte superior existe un rebajo / Carlos Izquierdo García.

Él ha sido el encargado de investigar acerca del origen y del periplo de una piedra custodiada desde hace años en la entrada a la iglesia. Este pétreo no es una roca cualquiera, ya que tiene unos relieves y una inscripción que aluden al mártir valenciano, a lo que se suma una concavidad que invita a pensar que fue tallada a partir de la muela a la que se amarró el cadáver de San Vicente para hacerlo desaparecer bajo las aguas.

Las conclusiones de ese estudio las presentó ayer, en una interesante conferencia celebrada en la propia parroquia. La charla se dividió en tres partes: las reliquias y su evolución histórica; la muela que se veneraba junto al sepulcro del santo en la iglesia medieval; y el hipotético origen de la pieza pétrea existente.

Aunque fruto de este estudio no se puede afirmar categóricamente que este sillar fue parte de la muela que lastró el cadáver del santo, sí que ha servido para plantear una teoría sobre su origen, así como para arrojar luz sobre el pasado de esta pieza, que tiene a sus espaldas una larga historia de veneración.

El historiador Francisco José Soriano durante su charla y junto a la pieza sobre cuya historia investigó / Carlos Izquierdo García.

Para quienes no pudieron asistir a la conferencia y sienten curiosidad por esta piedra, a continuación dejo un vídeo que resume la ponencia:


Si quieres saber más sobre el sillar, échale un vistazo a los artículos publicados en prensa: 
http://www.levante-emv.com/valencia/2013/01/19/rueda-molino-salio-mar/967911.html
http://www.lasprovincias.es/20130118/comunitatvalenciana/valencia/cristo-vicente-201301181431.html

Pero si lo que te interesa es conocer mejor la historia del antiguo monasterio al que pertenecía el templo, te recomiendo leer el libro que el conferenciante publicó junto a Amadeo Serra Desfilis, titulado San Vicente de la Roqueta.