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¿Acaso la prolífica obra de Javier Goerlich se debe, además de a su talento, a una brillante estrategia de marketing y a su inconfundible marca personal? Aquí podemos ver la firma del arquitecto en los inmuebles de las calles Císcar, 8 y Grabador Esteve, 12 y 16 / Carlos Izquierdo García. |
Es algo propio de arquitectos
caminar por las calles con la vista puesta en los edificios que la flanquean. En raras ocasiones mi mirada, al observar
una fachada, tropieza con una inscripción que recuerda al compañero que
proyectó el inmueble. Teniendo en cuenta la cantidad de bloques que me
rodean y las muchas construcciones frente a las que paso a diario, resulta
extraño que este encuentro fortuito no se produzca más a menudo, por muy
despistado que pudiera llegar a ser.
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Firmas de los artífices en el edificio número 23 de la calle Marino Blas de Lezo y en el bloque número 84 de la calle Colón / Carlos Izquierdo García. |
Y es que la mayoría de los edificios no están firmados por sus artífices: no
figura en ellos quién los diseñó,
tampoco quién dirigió las obras, ni quien ejecutó los trabajos. Esta
ausencia me deja pasmado. Pensando cuánto nos encanta a los arquitectos ser
mencionados en los carteles de obra y considerando que casi todos los técnicos nos
apresuramos a colocar una placa anunciando nuestros servicios en el bajo del
bloque donde trabajamos, o incluso en nuestra propia vivienda, no me explico cómo podemos dejar pasar semejantes
oportunidades para darnos a conocer.
Creo que, además de firmar los
proyectos, deberíamos acostumbrarnos a
dejar constancia de la autoría en nuestras creaciones, de igual manera que
cualquier artista la hace patente en su obra de arte, sea cual sea su soporte.
Esta manera de proceder no solo nos daría más visibilidad, sino que además ayudaría a los investigadores del futuro,
quienes, al leer el documento construido, podrían tirar de este hilo para
desenmarañar la madeja de la historia.
Es evidente que la negación
categórica que encabeza estas líneas no es absolutamente cierta. Hay una
minoría de arquitectos que sí que plasmaron sus nombres en las fachadas de los
edificios que proyectaron, pero son tan pocos que el título de esta entrada
podría pasar por verdad. Y resulta curioso que este reducido número de profesionales, quizá fruto del azar o acaso
gracias a una maniobra de marketing bien hecha, tienen varias obras construidas y rotuladas en una misma calle o barrio
de la ciudad.
Estos escasos arquitectos que optaron
por dejar clara su autoría y cuyas firmas he podido fotografiar, se decantaron
por estampar sus nombres en dos puntos de la fachada: en los alrededores de la puerta principal o bien en el entresuelo del
bloque, de tal forma que quedasen a salvo de las posibles modificaciones
que sufriesen los frentes de los bajos comerciales. En cuanto a los materiales
que eligieron, predominan los azulejos cerámicos, aunque también son frecuentes
los rótulos grabados sobre los aplacados pétreos, las letras corpóreas que
sobresalen del paramento y los nombres recortados en chapa metálica.
Y tú, ¿has firmado alguno de los
inmuebles que has proyectado? ¿Conoces algún edificio en el que esté plasmado
el nombre de su artífice?